Extremadura podría ser considerada una de las grandes desconocidas de la península ibérica, sus gentes, costumbres, fiestas, parajes naturales o, incluso, sus trabajos diarios son casi una incógnita para el resto de ciudadanos españoles. Los organismos oficiales extremeños se empeñan en fomentar el turismo rural de calidad, pero es bien sabido por todos que el porcentaje real de visitas es bajo en comparación al de otras Comunidades Autónomas. Hay que concienciarse que éste hecho es un problema, pero no en cuestiones económicas o políticas, sino en cuestión de valor social, es decir, la imagen que proyectamos los extremeños fuera de nuestra Comunidad.
Ojeando otras Comunidades Autónomas nos encontramos con situaciones similares a la de Extremadura, como puede ser Murcia, la cual posee dichos y diretes como “La huerta de España” o “Los Marcianos”; antes ésta situación el gobierno murciano se propuso organizar un concurso artístico para conseguir un turismo de calidad, además de cambiar la imagen de región retrasada culturalmente. Así se organizó “Murcia, no-typical”, cuya propuesta fue un éxito, artistas internacionales presentaron propuestas en forma de video donde debían fomentarse los valores típicos murcianos en un ámbito moderno e innovador. El resultado fue una propuesta ingeniosa que sirvió para realizar una imagen de marca única para una región cuyo turismo estaba en plena decadencia. De ésta forma pudo recobrar fuerza aspectos como el dialecto murciano, “Panocho”, similar al “Castúo” extremeño, y que volvió al primer término de las conciencias sociales murcianas, ¿Por qué no realizar los extremeños algo parecido? Pues para eso quiero hacer uso de ésta beca Zurbarán, extrapolar los valores extremeños modernos un grado más allá de nuestras delimitaciones territoriales, vasta ya de tanto cliché despectivo.