La divulgación científica es una isla en el saber cultural, la ciencia ha sido y será esa hermana menor a la que tanto cuesta le hagan caso, periférica y malograda, con dificultades para ser aceptada en los grandes canales de comunicación y siempre relegada al ostracismo por las grandes masas. La ciencia es realidad, lo real, la materialización de los elementos químicos, físicos y orgánicos que componen el universo, que nos componen, de dentro hacia fuera, nuestras células son agujeros negros que absorben energía, formada por estructuras complejas que la circundan, las atrae y aleja, comunicadas por vasos interconectados por una maravillosa malla invisible que transmite impulsos, que hace sopesar nuestro cuerpo y que nos conecta al universo a través de la gravedad, haciendo que la teoría de la relatividad coja el peso necesario. La filosofía y la física son disciplinas conectadas, las dos sufren el desprecio de la difusión, se saben fuertes, se comprenden y se odian, les encanta la discusión y luchan porque así sea, ambas quieren imponer su ley, pero entenderse con la otra, aunque en ocasiones se entromete la teología para confundir a ambos en un juego de amor y odio. Es este juego con la teología la que hoy nos hace presentarnos aquí, lanzando la siguiente pregunta ¿Vivimos en un universo determinista o en uno cuántico, o quizás, existe un orden divino?
Para intentar dar respuestas (no genéricas) a esta pregunta debemos tomar diferentes puntos de vista, unas filosóficas, otros teológicas y, por supuesto, físicas, apoyándonos en pensadores como Laplace, Einstein, Hawking, Spinoza, Heisenberg, David Hume o Vlatko entre otras/os. Sus pensamientos serán luces y sombras en nuestro universo.
Fotografias exposición Fundación CB (Badajoz)
Fotografias exposición Aeropuerto de Valencia (AENA)